Las causas del estrés psicológico durante la pandemia

Las causas del estrés psicológico durante la pandemia

21 Dic 2021 | Salud y bienestar | 0 Comentarios

La pandemia del Covid-19 supone un ataque directo a nuestro estilo de vida que está amenazando seriamente la salud mental de la población

Era sábado, 14 de marzo de 2020. El Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, comparecía desde el Palacio de la Moncloa para anunciar el inicio del confinamiento domiciliario en nuestro país, una medida excepcional que se adoptó inicialmente para frenar la expansión de la pandemia del Covid-19 y que se extendería hasta el 21 de junio del mismo año. El confinamiento domiciliario consiguió efectivamente frenar la expansión del virus en España, pero sus resultados tuvieron un alcance temporal muy limitado. A partir de entonces, en nuestro país, y en una gran mayoría del planeta, hemos vivido una situación que se encuentra completamente fuera de la normalidad, asistiendo a sucesivas olas de coronavirus que obligaban a las administraciones públicas a imponer restricciones de movilidad e incluso toques de queda. Sin embargo, las medidas restrictivas no consiguieron frenar la expansión de la pandemia. Si atendemos a las cifras oficiales de nuestro país, la pandemia del Covid-19 ha generado un total de 5,54 millones de casos positivos y un total de 88.793 fallecidos, aunque las estadísticas de exceso de la mortalidad muestran un volumen de defunciones muy superior. A escala planetaria, la expansión del Sars-Cov-2 ha generado un total de 275 millones de casos positivos y 5,36 millones de defunciones. En este sentido, parece evidente señalar que la estrategia de convivencia con el virus y el ansiado equilibrio entre el mantenimiento de la actividad económica y el cuidado de la salud no ha sido posible.

Más adelante, durante 2021, hemos asistido a una campaña de vacunación masiva que sí ha tenido resultados satisfactorios. Las vacunas desarrolladas por las diferentes empresas farmacéuticas se han demostrado altamente efectivas en reducir el número de hospitalizaciones por enfermedad grave, así como el volumen de fallecimientos. La OMS y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) indican que un total de 87.413 personas mayores de 60 años habrían salvado la vida en España gracias a la vacunación. Sin embargo, tal y como estamos observando en la actualidad, las vacunas no han conseguido frenar el aumento de los contagios, una situación que es todavía más preocupante si consideramos la elevada transmisibilidad de la nueva variante Ómicron, que comienza a ser predominante en el continente europeo y que se ha convertido en una importante amenaza durante las últimas semanas. En este sentido, actualmente España está reforzando la vacunación de las personas más vulnerables con una tercera dosis, que reduce en un 90% el riesgo de muerte por Covid-19, según un estudio publicado en The New England Journal of Medicine. Así mismo, también se ha aprobado la vacunación para los niños con edades comprendidas entre los 5 y los 11 años, con el objetivo de reducir la expansión de los contagios. Sin embargo, la velocidad de esta nueva ola de coronavirus parece estar desbordando todas las previsiones en nuestros países vecinos, lo que está obligando a los gobiernos europeos a adoptar nuevas restricciones. Nos encontramos, por lo tanto, ante una situación de elevada complejidad desde el punto de vista sanitario, pero que está generando igualmente un impacto económico sin precedentes y un aumento de la desigualdad social muy preocupante.

Dentro de dos meses y medio habremos cumplido dos años de convivencia con la pandemia del Covid-19. Una situación que ha transformado completamente nuestras vidas. Una nueva forma de vivir que para algunas personas está resultando completamente insoportable. Un ataque directo a nuestro estilo de vida que está amenazando seriamente la salud mental de la población, existiendo ya diversos estudios que alertan del aumento del número de casos de ansiedad y depresión, y del empeoramiento de la salud mental de aquellas personas que padecían algún trastorno previamente a la aparición de la pandemia del Covid-19. En este sentido, considero que puede resultar muy interesante realizar un ejercicio de síntesis de todas aquellas situaciones negativas a las que nos hemos enfrentado durante los últimos dos años, y que están teniendo un impacto directo en nuestro equilibrio espiritual y en nuestro bienestar emocional, habiéndose convertido en las causas del estrés psicológico durante la pandemia:

Confinamientos domiciliarios: Tal y como se ha mencionado al inicio de este artículo, desde el sábado 14 de marzo de 2020 hasta el 21 de junio de 2020 los ciudadanos españoles tuvimos que afrontar un severo confinamiento domiciliario. Aunque inicialmente la medida pareció efectiva desde la perspectiva sanitaria, quiero manifestar ampliamente que privar a los seres humanos de su libertad de movimiento afecta seriamente a su salud física y emocional. En efecto, un nuevo estudio realizado entre los psiquiatras de más de 100 hospitales españoles, muestra que el confinamiento fue la causa principal de los ingresos de nuevos pacientes en las Unidades de Hospitalización Breve (UHB) de Psiquiatría (La Razón, 2020). Así mismo, además de las graves consecuencias del confinamiento domiciliario sobre la salud mental, los ciudadanos estamos sometidos a un estrés constante como consecuencia de la obligatoriedad de guardar cuarentena cuando se ha estado en contacto con un paciente positivo por Covid-19. Así, sin intención alguna de menospreciar la eficiencia sanitaria de las medidas mencionadas, simplemente quiero manifestar que los confinamientos domiciliarios y el aislamiento de los ciudadanos de manera prolongada en el tiempo tiene graves consecuencias sobre su salud mental.

Insomnio: La dificultad para dormir y descansar se ha convertido en uno de los factores con mayor relevancia en la generación de problemas de salud mental durante la expansión de la pandemia del Covid-19. En efecto, los confinamientos domiciliarios y las cuarentenas obligatorias, generan una sensación de aislamiento que provoca importantes dificultades a la hora de conciliar el sueño.

Distancia social de seguridad: La expansión de la pandemia del Covid-19 nos ha obligado a mantener una distancia de seguridad de dos metros con todos los ciudadanos. Reiterando que mi intención no es poner en duda la efectividad de las medidas de seguridad, simplemente quiero manifestar que estamos obligando a los seres humanos a actuar en contra de su propia naturaleza. Los seres humanos somos animales sociales y encontramos nuestra realización personal a través de la cercanía y el contacto personal con otras personas. Por lo tanto, no parece extraño que estemos asistiendo a un aumento del número de casos de depresión y ansiedad.

Mascarillas y geles hidroalcohólicos: Salir a dar un paseo viene acompañado en la actualidad de un importante ritual sanitario. Obviamente, está demostrado que el uso de mascarillas reduce el riesgo de infección por Covid-19. También está demostrado que la utilización de medidas higiénicas y sanitarias reducen el riesgo de contagio. Sin embargo, someter a la población a la obligatoriedad de algunas medidas como el uso de mascarillas, aunque sea necesario, genera un indudable estrés en los ciudadanos que ya estaban condicionados antes de la expansión de la pandemia del Covid-19 por un ritmo de vida altamente acelerado. Es decir, la pandemia del Covid-19 ha añadido una gran multitud de factores estresantes que empeoran nuestra salud mental.

Teletrabajo: Aunque la expansión del teletrabajo puede tener ciertos aspectos positivos para la vida diaria de los ciudadanos, no es menos cierto que trabajar desde nuestro domicilio reduce ampliamente los procesos de socialización en el entorno de trabajo, aumentando nuestra sensación de aislamiento, lo que puede generar consecuencias negativas desde la perspectiva de la salud mental.

Reuniones y eventos virtuales: La disminución de la presencialidad en el ámbito de las reuniones y los eventos sociales y laborales está generando también consecuencias negativas desde el punto de vista del bienestar emocional de los seres humanos. Con anterioridad a la expansión de la pandemia del Covid-19, todos estábamos acostumbrados a asistir a reuniones y eventos presenciales, con los beneficios que dichas celebraciones tienen sobre la salud mental de la población, dado que aumentan nuestra sensación de conexión con otros seres humanos y por lo tanto nuestro sentimiento de pertenencia a la comunidad.

Miedo constante a la muerte y al contagio: No todas las personas tienen la misma sensibilidad emocional ante los acontecimientos externos. Pero desde luego que podemos afirmar con gran claridad que un elevado porcentaje de la población mundial se ha acostumbrado a vivir bajo la amenaza constante de sufrir un contagio por Covid-19 y por lo tanto de desarrollar una enfermedad grave que pueda desembocar en el fallecimiento. Aunque pueda parecer que no tenemos ese miedo, nuestra mente no consciente almacena toda la información y en el fondo todos sabemos que nos hemos acostumbrado a vivir bajo una amenaza de muerte constante y silenciosa. Sinceramente, no se me ocurre mayor tortura desde la perspectiva de la salud psicológica de la población que someter a los ciudadanos a una amenaza real de una hipotética muerte por la infección de un virus. Asistimos, por desgracia, a la deshumanización de nuestras sociedades.

Disminución de los procesos de socialización: Desde que comenzó la pandemia del Covid-19 a principios de 2020, la gran mayoría de los ciudadanos hemos reducido nuestros contactos sociales en la medida de lo posible. Hemos renunciado a ver nuestros amigos y amigas con regularidad, a disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos con paz y tranquilidad, a conocer nuevas personas y a emprender nuevos proyectos vitales que impliquen un proceso de socialización, generando un daño muy grave sobre la salud mental de la población.

Sobreinformación sobre la pandemia en televisión: Sin poner en duda la profesionalidad de los servicios informativos, desde mi perspectiva existe una explotación excesiva del fenómeno de la pandemia del Covid-19 desde el punto de vista de los contenidos informativos existentes en televisión. Evidentemente, los ciudadanos necesitamos conocer la evolución de la pandemia, pero la sobreinformación genera un elevado miedo al contagio y a la muerte y una sensación de estrés continuado en el espectador. Sin embargo, resulta muy curioso observar cómo en los debates y programas de televisión se ha permitido que los profesionales y comentaristas desarrollen su labor sin la mascarilla de seguridad, una medida que se nos exige al resto de trabajadores y trabajadoras. Así mismo, también considero importante denunciar que los contenidos de las series de televisión no contemplan en ningún caso el escenario de pandemia, sin reflejar lo que está sucediendo en la realidad. Una situación que genera una importante contradicción desde el punto de vista de los contenidos en televisión.

Miedo a perder el empleo: Los ciudadanos occidentales ya nos habíamos acostumbrado a vivir en un contexto socioeconómico y laboral de elevada incertidumbre tras la crisis financiera de 2008. Sin embargo, el impacto tan severo que la pandemia del Covid-19 está generando sobre algunos sectores como el turismo, está condenando a muchas personas al desempleo, a la desesperanza y a la desilusión. Y seamos sinceros. Aquellos que todavía no han perdido el empleo viven con un miedo constante a perderlo, porque perder la seguridad económica es perder por completo nuestra salud física y emocional.

Sedentarismo: Aunque es probable que para algunas personas, la expansión de la pandemia del Covid-19 haya generado un aumento de la práctica deportiva al aire libre, no es menos cierto que una gran cantidad de ciudadanos han renunciado a la actividad física y deportiva por miedo al riesgo de contagio en los gimnasios y centros deportivos de las ciudades. Así mismo, la disminución de la actividad física de la población viene acompañada de un mayor aislamiento social provocado por el teletrabajo y por la ausencia de reuniones y eventos presenciales, lo que genera un mayor sedentarismo. Así, parece evidente señalar que la disminución de la actividad física tiene también efectos nocivos sobre la salud mental de la población.

Disminución de las actividades lúdicas y wellness: Aunque no representa un área imprescindible dentro de la vida de un ser humano, los ciudadanos occidentales nos habíamos acostumbrado a disponer de servicios diseñados exclusivamente para poder desconectar del estrés laboral. Sin embargo, el miedo constante al contagio ha provocado que una buena parte de los ciudadanos renuncien a pasar la tarde en un centro wellness con servicios de relajación y meditación, lo que también está generando consecuencias negativas sobre la salud mental de la población.

Incertidumbre y desesperanza sobre el futuro: Con un un mayor impacto sobre la población más joven, la pandemia del Covid-19 ha agravado los problemas estructurales de acceso al primer empleo, lo que provoca una sensación de incertidumbre y desesperanza sobre el futuro vital de los seres humanos. Siendo sinceros, podemos afirmar con claridad que en los estratos sociales más desfavorecidos, en la actualidad los jóvenes no pueden diseñar un proyecto vital en condiciones de igualdad. Sabemos perfectamente que el actual modelo económico ha paralizado por completo el denominado ascensor social, y los efectos de la pandemia han agravado la situación. No es de extrañar entonces que aumenten los trastornos de ansiedad y depresión entre la población más joven.

En definitiva, hemos conseguido detallar una gran variedad de factores estresantes que están provocando un impacto muy negativo sobre la salud emocional de nuestra población. En este sentido, se hace necesaria una reflexión colectiva que nos lleve a determinar la necesidad de dotar al sistema sanitario de un mayor número de recursos humanos y técnicos para hacer frente a las consecuencias de la expansión del Covid-19 sobre la salud mental de la población, lo que ya ha sido denominado como la pandemia silenciosa.

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Alejandro Sepúlveda

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